La juventud de Córdoba estuvo presente en el primer encuentro masortí sobre diversidad y judaísmo! Con la organización del Centro Unión Israelita y Macabi Noar, los jóvenes, acompañados por el rabino Gabi Pristzker (quien tuvo la tarea de cerrar el encuentro con una charla especial), compartieron un excelente fin de semana en Rosario.

Durante el encuentro, 70 jóvenes participaron, entre los que llegaron desde las provincias de Córdoba y Buenos Aires, que se sumaron, por supuesto, a la juventud rosarina.

Entre las actividades, los participantes participaron de exposiciones, a cargo de rabinos, profesionales de la salud, jazanim y también de jóvenes referentes de organizaciones vinculadas al tratamiento de la diversidad. Además, realizaron el Kabalat Shabat todos juntos, con la participación de la «Banda del templito» de Córdoba, que causó grandes y favorables sorpresas entre todos los presentes, compartieron la cena sabática, Tefilá de Shajarit por la mañana, Brajot, Havdalá, y muchos momentos que recordarán para siempre.

El encuentro fue una gran oportunidad, no sólo para fortalecer los lazos con aquellos jóvenes que ya eligen a la Kehilá de Córdoba para transitar su judaísmo, sino para que nuevos integrantes también conozcan el espacio y puedan comenzar a sumarse.

Ahora, ¡a prepararnos! El último fin de semana de agosto, el encuentro se repetirá, y esta vez, Córdoba será la sede! ¿Nos vemos?

TESTIMONIOS DE ALGUNOS PROTAGONISTAS

«Mi nombre es Nicolas Ezequiel Vázquez, tengo 29 años y tuve el placer de ser parte del 1er Encuentro de Judaísmo Identidad Género y Diversidad en la ciudad de Rosario. Fue un espacio distinto e inédito de manera federal, ya que participamos distintas personas de Córdoba, Rosario y Buenos Aires, respondiendo a una necesidad en común. En mi historia personal, hacía 7 años que no participaba en la comunidad. Me pareció una propuesta inclusiva para pensarnos y repensarnos sobre nuestra identidad judía en el marco de la modernidad. Poder compartir instancias de Shabat luego de tanto tiempo fue muy grato. Es movilizante reflexionar sobre la cuestión de la otredad en el ámbito comunitario para lograr una finalidad de bien común y una sociedad más justa.»

«Mí nombre es Tamara Polacov, tengo 26 años. Participe del excelente encuentro en Rosario con jóvenes de Córdoba, Buenos Aires y Rosario. Vivimos una experiencia hermosa, llena de aprendizajes y encuentros con las diferentes comunidades que participamos. Identidad, género y diversidad desde el judaísmo fueron los temas centrales de las charlas tratadas. Además, Kabalat Shabat junto a todos los jóvenes, dirigido por nuestra querida Banda del templito.»

«¿Porqué soy así? judío, argentino, macho, frágil, angustiado, enojado… ¿Existe algo de ese yo soy, que sea lo determinante en lo que me hace ser así? En este primer encuentro de judaísmo y diversidad, hablamos de género, de violencia, de segregación, de deconstucción, de identidad, de política, de judaísmo y de sexualidad. E intentamos cada uno encontrarse con la respuesta a la pregunta ¿qué somos en realidad?
Las identidades cruzan el umbral de todo eso que es definible, y muchas veces, en su alteridad irrumpen con lo preestablecido, con lo conocido, con lo inamovible, con lo que casi ni se piensa, es decir, con ese yo construido. Durante la convivencia descubrimos que una comunidad diversa significa una comunidad que comprende en su esencia a toda la heterogeneidad posible, a toda identidad definible. Pero para que los límites de lo abarcable sean realmente esos, tuvimos que permitirnos dudar. Dudar de porqué somos así. 
Sobre el inicio, tuve muchas ansias y nervios acerca de esta instancia. Pensaba que quizás encontraría personas que expusieran esa otredad de manifiesto y la descubrieran, incomodando esa estructura rígida que nos impide pensarnos como lo diferente.
Empecé, entonces, a preguntarme: ¿Por qué…? Y en aquella duda metódica me adentré sobre una neblina insípida, que hacia su profundidad se desvanecía humeante la figura de una persona. Y la reconocí, como lo que había sido construido, lo yo no propio. Y al abrir los ojos al borde de ese abismo, de su centro emergente, comencé a observar lo frágil de esa mismidad. De este encuentro, me veo repentinamente rodeado por un bosque espeso, hundiendo mis pies desnudos sobre la hierba mojada y el barro, lágrimas descienden danzantes sobre mí. En ese bosque de lo desconocido, reaparece un rostro. Aquel que hoy reconozco como lo propio. 
En el vaivén entre la pregunta y la posibilidad de todas las posibilidades, suscitó lo colectivo. Y en lo colectivo, una locomotora abatió sus murallas fortificadas, permitiéndonos adentrarnos en eso que nos hace ser. Y ¿qué somos exactamente? Somos las pibas que ya no están con nosotros, somos todos los maricas que ya no bailan, somos las y los trans que se suicidaron, somos a partir de la exclusión, de la segregación, somos desde el patriarcado, pero podemos pensarnos hacia una deconstrucción dialéctica performativa porque somos conflicto en constante movimiento, vivo. Hablar de diversidad es reconocer eso propio, que es tanto lo no propio, pero lo propio que irrumpe con él, sublevándonos por encima de toda dimensión institucionalizada del orden y lo adecuado. En la diversidad podemos encontrar terreno fértil para reconstruirnos sobre una dialéctica propia, que en esa inclusividad se encuentre la sustancia primitiva que enriquezca nuestras vidas personales como comunitarias.» Ignacio Plutman, 26 años.

«Mi nombre es Paula barbero, tengo 26 años. Quería agradecer a todos los que organizaron este primer encuentro de «judaísmo y diversidad», ya que tuvimos la posibilidad de conocer diferentes realidades, promover cualidades como la aceptación de mi par, la tolerancia, respeto y empatía hacia la otra persona. Se forjó una relación de compañerismo y amistad entre nosotros, lo cual nos va a permitir seguir creciendo y reforzando nuestros valores como comunidad.»